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Los beneficios del mindfulness

En esta época, realizar múltiples tareas de manera simultánea es algo habitual. La tecnología permite desempeñar cada vez más actividades en forma autónoma, además de poder resolver varias cosas al mismo tiempo. 
Mandamos un mensaje mientras caminamos, reservamos un turno médico mientras cocinamos, nos ponemos al día con los mails en la cola del banco y chequeamos qué están haciendo nuestros amigos mientras almorzamos. Esta sobrecarga de estímulos, la vorágine y la necesidad de estar permanentemente conectados nos exigen respuestas rápidas y, en muchos casos, esa demanda excede nuestras posibilidades, lo que provoca consecuencias negativas para la salud.

Las exigencias de la vida cotidiana y la velocidad de nuestro mundo generan estrés negativo, aquel que surge cuando las demandas del ambiente se perciben como excesivas para los recursos disponibles de la persona, y producen un desequilibrio. El estrés negativo aumenta una sustancia llamada cortisol, que afecta la salud, inhibiendo la plasticidad cerebral y disminuyendo la capacidad de memoria, la atención, la codificación de cosas nuevas y el desarrollo de nuevas habilidades.

Cuando estamos estresados, nos anticipamos negativamente al futuro o quedamos anclados en preocupaciones por el pasado, por lo que deberíamos haber dicho o hecho, por lo que hubiéramos querido que sucediera. O sea: nos desconectamos del presente, vivimos en piloto automático y sufrimos por algo que no existe; porque nuestra cabeza está en el pasado o en el futuro.

Conectarnos con el presente nos ayuda a disminuir este sufrimiento. En esta era en la que nos ha tocado vivir, aprender a parar, respirar, y tomar conciencia del “aquí y ahora” sin juicios y con aceptación permite un necesario alivio para nuestras agitadas vidas.

Mindfulness: una práctica de atención plena

Las técnicas de meditación y los ejercicios de visualización, respiración y autoobservación (como el mindfulness) representan una poderosa herramienta para conectarnos con el “aquí y ahora”. El mindfulness es una práctica de atención plena que nos permite reconocer tempranamente los factores de estrés y tener la capacidad de responder ante ellos. Se logra así una mayor capacidad de acción y decisión ante esas situaciones difíciles. Al estar más conectados tenemos mayor facilidad para regularnos y tomar pausas para responder en lugar de reaccionar. Esta es la réplica más adaptativa.

Con más de 30 años de investigaciones científicas, mindfulness es una de las intervenciones de mayor efectividad para reducir el estrés y mejorar las relaciones interpersonales. Su impacto positivo es tanto a nivel individual como vincular.

La práctica de mindfulness se define como: “La consciencia que aparece al prestar atención deliberadamente, en el momento presente y sin juzgar, a cómo se despliega la experiencia momento a momento”. (Kabat-Zinn, J. 2003). De esta manera, enfatiza la capacidad de detenerse y reflexionar antes de actuar, para aprender a desplegar comportamientos más eficaces y adaptados a los acontecimientos.

Para esto, no es necesario hacer una profunda relajación o estar acostados en el piso. La técnica consiste en ser conscientes y registrar lo que está ocurriendo en el momento en que está ocurriendo. Ejemplo de ello es una breve práctica llamada STOP (detenerse o parar en inglés) que es de las más conocidas y apreciadas, ya que se puede realizar a lo largo del día. Es sumamente simple: S (Stop, detenerse) T (Tomá un respiro) O (Observá que es lo que sucede) P (Proseguí)

Es una práctica para cualquier momento del día, en la que por unos segundos te detenés y das cuenta de lo que sucede a tu alrededor. A nivel introspectivo, te estabilizás con una serie de respiraciones profundas y conscientes, y luego proseguís con mayor claridad desde un lugar donde podés elegir sin reaccionar.

Esto implica percatarse completamente del momento presente: ¿Qué está sucediendo en el cuerpo? ¿En la mente? ¿En el terreno emocional? Y preguntarse: ¿Qué está fuera de mi campo de atención ahora? Puede ser tan simple como notar que el cerebro se encuentra sobrecargado luego de una videoconferencia de dos horas, o haber estado pensando durante toda la mañana en la próxima reunión. Simplemente, detenete y respirá seis veces en forma lenta y consciente, inhalando por nariz, reteniendo unos segundos y exhalando por boca.

Como ves, no lleva mucho tiempo ni requiere que seamos expertos para iniciar un pequeño cambio positivo en nuestras vidas hiperconectadas. ¡Vale la pena intentarlo!

Por Lic. María Migali, M.N.: 44256. OMINT news