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“Amasando desencantos”

Lic. Alejandra Daguerre

Guillermina está enojada porque nadie come los bollitos que ella hizo con sus propias manos…  Ayer Guillermina tuvo una tarde difícil. Está  transitando el duelo de su reciente separación, se siente sola, angustiada, y enfrenta la vida con bronca, porque “nunca se había pensado así…sin marido!”.

 

 

Su amor por la repostería es lo único que parece intacto; así que cocina como catarsis, cocina como modo de procesar sus penas y de “elaborar” el revés del destino, y sigue a rajatablas la receta, como si esperase que una fórmula perfecta la reencamine en la vida conyugal. 

Sobre la mesada ya están los ingredientes: harina, azúcar, huevos, manteca, agua y levadura; pero todo el proceso dependerá  de la cocinera, y Guillermina está ansiosa…sospecho que hoy no se llevará bien con la preparación.

Dicen que la levadura debe tratarse “diferencialmente”  porque es muy sensible; emulsionarla con agua tibia, dejarla reposar, y hay quienes la abrigan con un repasador o le encienden una hornalla para climatizarla a la temperatura justa. La competencia de sensibilidades está declarada! La cocinera está muy emotiva, no tiene paciencia y obviamente está apurando la definición del proceso…ella solo quiere respuestas! 

Para amasar no hay problemas, Guillermina tiene la fuerza -y el impulso de la bronca- necesarias para desquitarse; diría que con esa misma energía podría arrancar de cuajo la mesada. Amasa desencantos, aprieta desilusiones, soba frustraciones, aglutina recuerdos, llora desconsoladamente y vuelve a amasar… 

Lejos quedó aquello que dice: el éxito de una receta no depende solo de los ingredientes, sino de las proporciones y el manejo de los mismos; y que el cocinero es quién con sus rituales, le da a la preparación ese toque inconfundible que excede la condición “nutricia” de los alimentos. 

Guillermina siente dolor, y amasa dolor. Emulsiona la preparación con sus lágrimas, y condimenta con una pizca de decepción… No solo transmitimos lo que hacemos, también transmitimos lo que sentimos al hacerlo. Guillermina siente que ha trabajado duro, y que nadie valora su esfuerzo. Siente que aún angustiada se puso a cocinar, y la gran decepción es que convida sus bollitos y nadie le acepta.

Es como si imaginariamente tuvieran un gran cartel que dice: “Pasen y sírvanse los riquísimos bollitos de elaboración casera (y solitaria), hechos con ingredientes de primera calidad, con materia prima fresca; procesados a presión (sin respetar los tiempos) y amasados con furia pasional. Pasen y sírvanse los riquísimos bollitos de la discordia”………Pasen! Los estoy convidando… No pretenderán me los coma yo!!!!!!!!

alejandradaguerre@gmail.com